Arquitectura Sin Fronteras llegó con una idea clara: crear la marca de Toma Parte, su programa de educación para la justicia global. Querían hablar de hábitat, pero no de casas. De ese lugar donde vivimos que va mucho más allá de cuatro paredes —el barrio, la calle, lo que compartimos, lo que nos falta.
Nos pusimos a trabajar en una identidad que no sonara a institución ni a panfleto. Algo que respirara, que invitara a meterse, a preguntar. ¿Quién decide cómo es tu barrio? ¿Qué hace falta para vivir bien? ¿Cómo sería un lugar más justo?
Además de la marca, maquetamos una unidad didáctica completa: ilustraciones, fichas, portada. Material para llevar a coles e institutos y trabajar el territorio desde la cartografía social, mirando lo común con ojos nuevos.
Y para cerrar, la landing donde vive todo el proyecto y se descargan los materiales.
El resultado es una marca con vida, pensada para que ideas grandes lleguen a gente de todas las edades. Una identidad que habla de cuidados, de comunidad, de futuro —sin soltar discursos.